
La reunión ayer de Felipe Calderón con Elba Esther Gordillo me recordó el viejo adagio de: «entre gitanas se leen la mano».
Si lo pensamos bien, ¿qué cosa es lo que ambos tienen en común?: pues para empezar, que ninguno de los dos ha ganado nunca una elección democrática.
Pero el mega-espaldarazo financiero que le dio ayer Calderón a «la maestra prianista» es otra contundente muestra del monstruoso contubernio coyuntural que mantienen hasta ahora, en donde Calderón le ha entregado a la lideresa sindical sin la menor resistencia, nada menos que la Secretaría de Educación Pública, la Lotería Nacional y fondos públicos de pensiones a nivel nacional, para su «gestión privada».
Y para colmo, Calderón ha pretendido legitimar el pseudo-régimen vitalicio que «la maestra» se ha confeccionado, para seguir indefinidamente al frente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) , lo que me recuerda otro refrán: «el que en pan piensa, es que hambre tiene. . .».
¿Será que Calderón añora también alguna estadía indefinida en el poder, mediante el «estado de emergencia nacional» que impone la militarización del país a lo largo y ancho del territorio, de forma cada vez más cruenta y obscura?
No sería descabellado suponer que los Estados Unidos mantienen «abiertas» sus opciones de dominación imperial, y que dado caso que supongan imparable una transición democrática en México, puedan apelar entonces a la perpetua sombría amenaza del «estado de emergencia», que a ellos les suele salir «al quite», como un poderoso recurso en la historia de su Imperio.
Si ya lo hemos visto contra Honduras; si ya lo están planeando contra Nicaragua; y si también lo prevemos para México.
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