Aceptó Francisco Rojas Gutiérrez que la bancada del PRI en San Lázaro sí negoció con el Gobierno federal
Desde hacía varios minutos sus respuestas intentaban escapar por la puerta que les había abierto el tema de la controversia constitucional por Pemex. Pero la pregunta lo alcanzó como alcanzan los rectazos al plexo: ¿Sí negoció el PRI la reforma fiscal a cambio de las no alianzas entre el PAN y PRD?
Conferencia atiborrada. Y cómo no, si quien respondía no era otro que Francisco Rojas Gutiérrez, coordinador de la bancada del PRI en la Cámara de Diputados; un hombre perseguido por las preguntas desde hace varios días; desde que los rumores de que él, específicamente, y Fernando Gómez Mont habían acordado que el PAN no se aliaría con el PRD –como entonces ya se rumoraba que sucedería— en 2010 electoralmente. “¿Qué no es desleal, sucio, trabajar de esa manera, poniendo las finanzas de un país sobre los hombros políticos?”, asegundaba sin miramientos la reportera que preguntó.
Entonces se estremeció el coordinador y se metió, con su respuesta, al turbulento río de la historia. Aceptó Francisco Rojas Gutiérrez que la bancada del PRI en San Lázaro sí negoció con el Gobierno federal, en octubre y noviembre de 2009, la aprobación de un paquete fiscal en el que incluyeron los aumentos draconianos aquellos al IVA, ISR, IETU e IA.
Rojas Gutiérrez: “hay, evidentemente, un cúmulo de cuestiones que tienen que irse resolviendo en el país sobre la marcha”, un Rojas trastabillante intentaba hilvanar la respuesta. “Y casi todas en paralelo, porque así es la vida de un país. Una consecuencia tras otra, y en este caso coincidieron la elaboración, discusión y análisis del paquete económico, y coincidieron las intenciones que había, por otro lado, que se formularan no alianzas políticas para las elecciones”.
Era el clímax de una conferencia que, desde hacía varios minutos, pretendían los voceros de la bancada apagar. Rojas seguía: “Existía la necesidad en ese momento de sacar adelante el paquete fiscal. La necesidad de cerrar lo que en ese momento se pensaba que era un boquete económico que existía, y lo que se requeriría en términos fiscales; tanto por el lado del ingreso como por el lado del gasto. Corrían en paralelo, en octubre, las posiciones del Partido de Acción Nacional de señalar que ellos irían a buscar una serie de alianzas”.
El silencio era roto por los obturadores. Y por la expectación de lo que seguía diciendo. Rojas dijo también: “Y estaba en el interés de nuestro partido las dos cuestiones: sacar adelante las finanzas públicas y vigilar que las condiciones electorales sean equitativas y con las que podamos luchar en el futuro. Y eso es lo que hicimos. Definitivamente por un lado empujamos para que esta situación de equidad en las elecciones de julio próximo se pudieran dar. Y otro otro lado vimos el interés de sí ir con el paquete económico. Y coincidieron ambas (razones). Y así van a ir coincidiendo en el tiempo”.
Miradas de estupefacción, la de los diputados que lo acompañaban. Todos los diputados del PRI que fueron cuestionados sobre el caso, se la habían pasado negando, rechazando: que el PRI se sentía profundamente lastimado con la alianza entre PAN y PRD, en Oaxaca, fundamentalmente.
Rojas intentaba justificar, diciendo que panistas y perredistas habían roto sus propios principios…
Rojas se había mostrado como un boxeador que ha entrado a la pelea frío. Hacía unos minutos, el secretario de Gobernación había sido arrinconado en una entrevista radiofónica, adonde admitió que sí, efectivamente, había sostenido un acuerdo con el PRI. El acuerdo aquel por la gubernatura de Oaxaca. Para que Ulises Ruiz siguiera reinando, a través de uno de sus ujieres que acababa de ungir como candidato del PRI a gobernador.
A los pocos minutos, Jesús Ortega, líder nacional del PRD, desde otra conferencia, fue al encuentro de Rojas Gutiérrez, y a éste le restregó: “Esa es una enorme mentira”, en alusión a la afirmación del priista de que el acuerdo era para que hubiera equidad en la elección.
Y fue entonces cuando Jesús Ortega remachó a Francisco Rojas:
“Eso es tener un gran cinismo; es una barbaridad que hable de equidad. No entiendo cómo un secretario de Gobernación pacta con el PRI darle equidad intentando mantener a un cacique en el Gobierno de Oaxaca”.
Y fue entonces cuando Ortega puso en la picota de la sospecha a Gómez Mont”. Mientras esté en la Secretaría de Gobernación y haya necesidad de trabajar con él, lo vamos a hacer, pero evidentemente platicaremos con él guardando reserva”.
Por dos vertientes se iba el Congreso al atardecer: Felipe Calderón, en Puebla, había intentado sobarle el lomo al PRI, declarando que “es factible en México conciliar intereses, incluso aquellos que a veces parecen irreconciliables”.
En San Lázaro, al atardecer, el PRI de Francisco Rojas salió a la tribuna a presentar una propuesta de reforma política que parecía haber sido dictada por alguno de los más recalcitrantes diputados federales afines a Andrés Manuel López Obrador. Los priistas, desde el montículo, acababan de pitchear a Calderón una bola llameante. Piden, entre muchas otras cosas, la revocación de mandato para el Presidente de la República, y para sus secretarios. Y para que proceda la solicitud, sólo tendría que suscribirse por 15% de los ciudadanos que conforman el padrón electoral nacional.
Ya noche, la bancada priista intentaba desflemar las repercusiones de lo que había admitido Rojas Gutiérrez. Demasiado tarde: un brazo del turbulento río de la historia lo había atrapado. Un día, los libros de texto incluirán su declaración.
21:15 horas. Los cinco hombres del Presidente encargados de la seguridad pública en el país continuaban en su encerrona con los legisladores. Hermetismo por todas partes. En la sala de prensa del Senado, calculaban unos que allá por la media noche estarían emitiendo el prometido comunicado conjunto.
Este blog fue creado para dar un punto de opinión criticae informativa , en ningún momento se publicara, o se aceptaran comentarios que dañen a terceros.
miércoles, 17 de febrero de 2010
LOPEZ OBRADOR Y GOMEZ MONT "políticos principistas"
Si el 4 de julio en la tarde-noche los resultados de las encuestas de salida indican que las alianzas entre el PAN y el PRD no fueron exitosas, además del PRI, dos políticos muy distintos y distantes entre si serán los grandes ganadores de la jornada: Gómez Mont y López Obrador. Ambos se han posicionado respecto a sus compañeros de movimiento y partido como políticos principistas, incapaces de pactar y confundir al electorado con alianzas pragmáticas y contranatura. Cada uno a su manera y con el lenguaje que más le gusta al grupo al que se dirigen, han venido diciendo lo mismo estas últimas semanas.
Ayer, en entrevista con Joaquín López Dóriga, Gómez Mont hizo esta diferencia entre él y su partido: “Los partidos tienen un desarrollo coyuntural, los principios y los valores permanecen, yo no me cambié de ropaje, (ni mi) estructura ética, (ni) mi convicción de servir al país”. López Obrador a su manera ha estado haciendo lo mismo, diciendo que el movimiento que él encabeza no aceptará aliarse con el PAN y el PRI, “que son lo mismo y representan al grupo que no sólo se apoderó de las riquezas e instituciones del país, sino que mantiene aplastada a la mayoría de los mexicanos, robó la Presidencia en 2006 y dio lugar a la decadencia imperante”.
Si las alianzas fallan, o si se impone en la opinión y en la clase política la percepción de que fallaron, estos dos hombres saldrán obviamente muy fortalecidos, lo hayan buscado o no. Por eso Manuel Camacho, adelantando el veredicto y su posible interpretación, ya ha dicho que si ganaran una sola de las gubernaturas en las que van juntos, las alianzas serían un éxito. Definición aceptable para los militantes y fácil de transmitir a la opinión pública.
La apuesta es muy importante. Un fracaso contundente de las alianzas barrería con todos los políticos perredistas y panistas que las hayan apoyado, y desde luego con sus posibilidades de aspirar a la Presidencia de la República. En el PRD quedarían fuera de combate los Chuchos, Ebrard y Camacho, y en el PAN, César Nava, el Consejo Político Nacional en pleno, el Presidente y por extensión los secretarios de su gobierno. Y si para ellos la apuesta es enorme, lo son también las consecuencias que tendría para el país; PRD y PAN quedarían muy debilitados y a merced de sus alas más radicales. La derrota de las alianzas consagraría la polarización entre quienes por un lado ven a una “mafia fascistoide” gobernando y a los que por el otro sienten la amenaza constante del “peligro para México”.
Ayer, en entrevista con Joaquín López Dóriga, Gómez Mont hizo esta diferencia entre él y su partido: “Los partidos tienen un desarrollo coyuntural, los principios y los valores permanecen, yo no me cambié de ropaje, (ni mi) estructura ética, (ni) mi convicción de servir al país”. López Obrador a su manera ha estado haciendo lo mismo, diciendo que el movimiento que él encabeza no aceptará aliarse con el PAN y el PRI, “que son lo mismo y representan al grupo que no sólo se apoderó de las riquezas e instituciones del país, sino que mantiene aplastada a la mayoría de los mexicanos, robó la Presidencia en 2006 y dio lugar a la decadencia imperante”.
Si las alianzas fallan, o si se impone en la opinión y en la clase política la percepción de que fallaron, estos dos hombres saldrán obviamente muy fortalecidos, lo hayan buscado o no. Por eso Manuel Camacho, adelantando el veredicto y su posible interpretación, ya ha dicho que si ganaran una sola de las gubernaturas en las que van juntos, las alianzas serían un éxito. Definición aceptable para los militantes y fácil de transmitir a la opinión pública.
La apuesta es muy importante. Un fracaso contundente de las alianzas barrería con todos los políticos perredistas y panistas que las hayan apoyado, y desde luego con sus posibilidades de aspirar a la Presidencia de la República. En el PRD quedarían fuera de combate los Chuchos, Ebrard y Camacho, y en el PAN, César Nava, el Consejo Político Nacional en pleno, el Presidente y por extensión los secretarios de su gobierno. Y si para ellos la apuesta es enorme, lo son también las consecuencias que tendría para el país; PRD y PAN quedarían muy debilitados y a merced de sus alas más radicales. La derrota de las alianzas consagraría la polarización entre quienes por un lado ven a una “mafia fascistoide” gobernando y a los que por el otro sienten la amenaza constante del “peligro para México”.
LOS QUE QUIEREN SACAR A GOMEZ MONT
Dos secretarios de Estado, vieron en la renuncia del Fernando Gómez Mont al PAN la posibilidad de sacarlo del gabinete del Presidente Calderón
Dos secretarios de Estado, interesados en la sucesión presidencial, vieron en la renuncia del Fernando Gómez Mont al Partido Acción Nacional (PAN) la posibilidad de sacarlo del gabinete del Presidente Calderón.
Aun cuando el secretario de Gobernación se pronunció en público en el sentido de que no aspira a la primera magistratura en 2012, se sabe que sus cercanos no descartan este escenario, él cada vez es menos contundente al rechazarlo y su interlocución eficaz con los partidos —por lo menos hasta la semana pasada— lo ponen a expensas de quienes tienen la misma aspiración política.
Un secretario dice que la renuncia de Gómez Mont es una fantochería y no la acción de un político, otro asegura que ha perdido todo poder como brazo derecho del Presidente y que por tanto no tiene sentido su permanencia en el gabinete. Se suman a estas voces las de quienes avalan desde su panismo la pragmática alianza con el Partido de la Revolución Democrática (PRD) echando mano de candidatos con un pasado priista. El objetivo ya no es sólo sacar al secretario de Gobernación de la carrera presidencial, sino de la administración calderonista.
Para contrapesar, Gómez Mont ha logrado generar en torno a sí otro “engendro” de coalición política: su “padre político” Diego Fernández de Cevallos y el ex presidente Vicente Fox están de acuerdo en su actitud. Y ha intentado demostrar que mantiene su capacidad de interlocución, sentando el lunes por la noche, en su mesa de Bucareli y simultáneamente, al jefe de Gobierno del Distrito Federal, el perredista Marcelo Ebrard, y al gobernador del Estado de México, el priista Enrique Peña Nieto. Nadie del PAN salió en esa foto.
Ayer, en declaraciones publicadas en la prensa, Gómez Mont asegura que no consultó con el Presidente Calderón (sino que le informó después) el pacto que negoció con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) para que este partido aprobara junto al PAN los impuestos, a cambio de que el blanquiazul no se aliara con el PRD en los estados gobernados por los tricolores. Esto sólo puede ser explicado en dos vertientes: que el secretario cometió un acto de novatez política no visto en él en lo que lleva de gestión, o que está poniendo el cuerpo para que la bala envenenada no le llegue a su jefe, a quien los priistas acusan de no cumplir su parte en los pactos. El primer escenario dejaría debilitadísimo ante su gobierno y su ex partido a Gómez Mont. El otro le daría fuerza y legitimidad en el ánimo presidencial. Sólo el tiempo y los cambios o no en el gabinete podrán resolver esta disyuntiva.
En el camino, si al Presidente le sale la jugada política de haber usado al PRI para los impuestos y ahora encontrar en el PRD un aliado que vote a favor sus reformas en el Congreso, será una victoria insospechada.
Dos secretarios de Estado, interesados en la sucesión presidencial, vieron en la renuncia del Fernando Gómez Mont al Partido Acción Nacional (PAN) la posibilidad de sacarlo del gabinete del Presidente Calderón.
Aun cuando el secretario de Gobernación se pronunció en público en el sentido de que no aspira a la primera magistratura en 2012, se sabe que sus cercanos no descartan este escenario, él cada vez es menos contundente al rechazarlo y su interlocución eficaz con los partidos —por lo menos hasta la semana pasada— lo ponen a expensas de quienes tienen la misma aspiración política.
Un secretario dice que la renuncia de Gómez Mont es una fantochería y no la acción de un político, otro asegura que ha perdido todo poder como brazo derecho del Presidente y que por tanto no tiene sentido su permanencia en el gabinete. Se suman a estas voces las de quienes avalan desde su panismo la pragmática alianza con el Partido de la Revolución Democrática (PRD) echando mano de candidatos con un pasado priista. El objetivo ya no es sólo sacar al secretario de Gobernación de la carrera presidencial, sino de la administración calderonista.
Para contrapesar, Gómez Mont ha logrado generar en torno a sí otro “engendro” de coalición política: su “padre político” Diego Fernández de Cevallos y el ex presidente Vicente Fox están de acuerdo en su actitud. Y ha intentado demostrar que mantiene su capacidad de interlocución, sentando el lunes por la noche, en su mesa de Bucareli y simultáneamente, al jefe de Gobierno del Distrito Federal, el perredista Marcelo Ebrard, y al gobernador del Estado de México, el priista Enrique Peña Nieto. Nadie del PAN salió en esa foto.
Ayer, en declaraciones publicadas en la prensa, Gómez Mont asegura que no consultó con el Presidente Calderón (sino que le informó después) el pacto que negoció con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) para que este partido aprobara junto al PAN los impuestos, a cambio de que el blanquiazul no se aliara con el PRD en los estados gobernados por los tricolores. Esto sólo puede ser explicado en dos vertientes: que el secretario cometió un acto de novatez política no visto en él en lo que lleva de gestión, o que está poniendo el cuerpo para que la bala envenenada no le llegue a su jefe, a quien los priistas acusan de no cumplir su parte en los pactos. El primer escenario dejaría debilitadísimo ante su gobierno y su ex partido a Gómez Mont. El otro le daría fuerza y legitimidad en el ánimo presidencial. Sólo el tiempo y los cambios o no en el gabinete podrán resolver esta disyuntiva.
En el camino, si al Presidente le sale la jugada política de haber usado al PRI para los impuestos y ahora encontrar en el PRD un aliado que vote a favor sus reformas en el Congreso, será una victoria insospechada.
EL LIMBO

Si se entendió bien, el más reciente capítulo de la historia, en el conflicto legal que surgió a raíz de la venta de las acciones del Club Deportivo Guadalajara A. C., deja al Guadalajara, a las Chivas, a los colores, al escudo y a todos los símbolos del equipo más popular de México, en el limbo jurídico.
*
La resolución del Primer Tribunal Colegiado del Tercer Circuito en Materia Administrativa, que restituye los derechos de la marca a la asociación civil original, plantea una serie de interrogantes...
La primera de ellas, la validez de la asamblea en que la asociación civil pasó a ser sociedad anónima de capital variable. Otra, la medida en que los nuevos accionistas tienen derechos adquiridos sobre las marcas comerciales que han usufructuado en los últimos siete años. Una más, la validez de los contratos --de transmisiones radiales y de televisión, de patrocinio, de comercialización de camisetas y demás productos--, a partir de la presunta buena fe de quienes los suscribieron...
*
Lo más fácil sería augurar que, a partir de que sigue siendo cierto que “vale más un mal arreglo que un buen pleito”, los abogados de las dos partes --los antiguos accionistas, reacios a vender sus títulos, y los actuales propietarios de lo que queda del club, el equipo y sus accesorios-- se sentaran a negociar; que los primeros fueran invitados a quedarse con una parte del pastel, y, en fin, que ellos accedieran.
Sin embargo, puesto que los integrantes de la antigua asociación civil cancelaron a priori cualquier posibilidad de abortar este diferendo desde el principio de la historia, cuando declararon que su posición era irreductible y se atrincheraron en ella, es probable que la resolución judicial que hoy es noticia los fortalezca, y que ellos quieran ir aún más lejos; es decir, a insistir en impugnar la legalidad de la famosa asamblea de socios en que se decidió dar un giro de 180 grados en la historia del Guadalajara --con todo lo que esa historia significa--, mediante el simple trámite de darle vuelta a una chaqueta de dos vistas, y de poner un parche en el escudo, y una línea, a guisa de fe de erratas, en el papel membretado de la institución: “Donde dice ‘Asociación Civil’, debe decir ‘Sociedad Anónima de Capital Variable’”, y asunto arreglado.
En efecto: ¡qué lío...!
LA MACHINCUEPA DE EMILIO GONZALEZ MARQUEZ

Emilio González Márquez no está buscando la candidatura del PAN, al menos eso dijo en Querétaro hace apenas 15 días, pero de que anda en campaña, anda en campaña. Y si no, que nos expliquen por qué anunciar el informe de Gobierno de Jalisco en televisión nacional con anuncios dirigidos a provocar a Peña Nieto y Marcelo Ebrard, y por qué ahora meterse de lleno en un pleito que no es suyo, que no le va y no le viene al Estado, pero que hace más ruido que un mariachi de cantina: el de los matrimonios homosexuales.
El tema de las bodas gay le viene al PAN como anillo al dedo. Es un tema que polariza, que genera reacción y en el que el Gobierno perredista de la Ciudad de México se metió por un asunto de congruencia programática, pero que en el resto del país no tiene la aceptación. En ese tema los gobernadores perredistas de Zacatecas y de Michoacán no han dicho esta boca es mía, porque aunque sean tan de izquierda o más que Marcelo, ni Amalia García ni Leonel Godoy comen lumbre y no se van a echar a sus electores encima por ese tema. El PRI se quedó paralizado en su indefinición: se dicen liberales pero votan conservador, y han preferido no moverse en este tema porque para donde se hagan, se mojan. Por el contrario, el PAN no tiene mas que ganar en esta absurda y pasional discusión.
El gobernador de Jalisco decidió poner una controversia constitucional contra los matrimonios homosexuales porque, dice, es un asunto que podría tener implicaciones en el Estado, porque si una pareja del mismo sexo se casa en la Ciudad de México, en Jalisco no se puede desconocer dicho acto jurídico. Alega además que el matrimonio es un acto de interés público definido en la Constitución y por lo tanto, debe defender esa institución pues el Gobierno de Jalisco “defiende a la familia”. La “defensa de la familia” es uno de los argumentos más esgrimidos por la derecha como si “la familia” fuera el origen de todo bien y el líbranos de todo mal. Cada quien debe preocuparse por su familia y dejar en paz la de los demás, pero pocas cosas les provocan tanto gozo a los conservadores, como meter las narices en las vidas ajenas.
La pregunta no es por qué Emilio González se mete en este tema, pues es algo que a él en lo personal le importa y mucho. La pregunta es por qué el gobernador de Jalisco, que nos representa a todos y no sólo a los que piensan como él, se mete. La respuesta es política: es una oportunidad única para el PAN para hacer ruido y polarizar el voto. Lo peor (lo mejor) que le puede pasar es que se le vayan encima los sectores liberales, con lo que le harían el favor de colocarlo como el prototipo de la derecha. Es una de esas típicas machincuepas de Emilio que además, le salen muy bien.
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